Investigación sobre la urbanización en Lago Agrio

La región Amazónica ecuatoriana es el vivo retrato de un país diverso natural, cultural y socialmente pero que ha sido continuamente tensionado y conflictuado por las acciones económicas y políticas, que en su caso son determinantes para mantenerla como una región geo estratégica para el país. Desde la segunda mitad del siglo XX, la Amazonía ecuatoriana atraviesa un crecimiento acelerado en toda dimensión y, precisamente lo urbano, adquiere un sentido preponderante el desarrollo de la región como en la articulación y la configuración de la red de ciudades Amazónicas ecuatorianas.

Barrio 25 de febrero

Visitar la ciudad más grande y poblada de la Amazonía ecuatoriana nos permite profundizar en la injusticia social, territorial y ambiental que afrontan, principalmente por un ambiente que progresivamente se tensiona por la infraestructura petrolera que se encuentra en el centro y bordes de la ciudad. Nueva Loja nos demuestra los 40 años que no consolida el desarrollo prometido gracias al petróleo, nos demuestra el estado débil, que ha dirigido su mirada a lo geo estratégico del territorio, y que poco o nada ha intentado entender y trabajar por consolidar una región acorde con quienes habitan la Amazonía Ecuatoriana.

Nueva Loja posee una serie de mosaicos que expresan los cambios, crecimientos explosivos, conflictos, tensiones, diferencias, violencias y contestaciones, como parte de su realidad urbana; específicamente, las violencias y contestaciones tienen un alto potencial para entender la racionalidad urbana amazónica, la cual fluctúa entre “lo que se desea ser versus lo que se es”, la primera por encima de la segunda siempre difumina la realidad de quienes habitan el territorio, por ello, es esencial conocer y entender la ciudad y el modo de vida urbano de nuestra Amazonía ecuatoriana.

El barrio 25 de febrero, ámbito de investigación, es un caso que proporciona varios elementos recurrentes de los procesos urbanos en las ciudades amazónicas. La conformación del barrio vino dada por la toma masiva de terrenos en un área donde había tres pozos petroleros (LA 39, LA 9, LA 45), aparentemente cerrados y sin uso. Posteriormente, se ha reabierto en varias ocasiones el pozo LA-39, generando un claro conflicto socio-ambiental. Las familias del barrio 25 de febrero nos contaron cómo les afecta cotidianamente la actividad petrolera. La contaminación tanto acústica como ambiental es evidente. Pudimos comprobar casos evidentes de contaminación del agua, derrames de crudo, además de constatar varios casos de enfermedades probablemente causadas por la exposición durante años a la emanación de gases contaminantes por parte de la actividad petrolera.

Por último, comprobamos que ante la dejadez institucional la dirigencia barrial se está organizando, junto a otros barrios de la ciudad, para frenar la reapertura de pozos petroleros en suelo urbano y exigir a las instituciones públicas mejoras en servicios básicos de pavimentación de las veredas, saneamiento y agua potable.

Pozo perforador de la plataforma Lago Agrio 39, en el barrio 25 de febrero

Nota de Daniel Zárate Baca y Javier González Comín

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